No quiero ser Superwoman


Publicado el 06/03/2020, en Actualidad, Enfermería hoy. Sin comentarios

No quiero ser Superwoman

Me pesa la capa. Y como a mí a millones de mujeres de nuestro país. Aun siendo consciente de que vivimos en una sociedad privilegiada, cuando la rutina y el ajetreo del día a día nos deja tiempo para pensar y analizar las cosas es cuando nos damos cuenta del largo camino que nos queda por recorrer para lograr esa igualdad que cada día con más ahínco reivindicamos, sobre todo, las mujeres.

Y ese largo camino se observa muchísimas veces en pequeños comentarios insignificantes que escuchamos cada día y que, en muchos casos, pasan desapercibidos. Desde el “chica, qué suerte tienes con que sea tu marido el que prepare la comida” o “uys, yo tengo mucha suerte porque mientras preparo la cena mi marido se encarga de bañar a los niños”. ¿Suerte? La suerte la tiene él, primero por estar conmigo, segundo porque mi sueldo no es una “ayuda a la economía”, sino que es el ingreso principal de nuestra familia, y tercero porque mientras él está en la cocina yo me encargo de la ropa de los niños, mochilas, orden en casa, planchar, poner lavadoras, deberes de los niños, etc., etc.

Estar de noches y oír frases del estilo “como tú tienes la mañana libre, ocúpate de ir al banco” ¡¡¡¡¡Perdón!!!!! ¿¿¿la mañana libre??? Te recuerdo que mientras tú estabas durmiendo a pierna suelta yo estaba corriendo en mi unidad, atendiendo pacientes y comiéndome el sándwich de pie a las cuatro de la mañana porque me ha sido imposible parar antes y tenía que seguir currando, que tengo que encargarme de un montón de tareas en casa y esta noche vuelvo a trabajar, por lo que digo yo que sería recomendable que durmiese algo ya que, como soy enfermera, en mi mano, y de mi trabajo, depende la salud y la seguridad de mis pacientes.

Eso en casa, que en el trabajo, como tengo niños y voy muy condicionada con los horarios de sus actividades extraescolares y atenderles (el horario de mi marido es inamovible), he tenido que renunciar a la dirección de enfermería que yo quería, para la que todos mis compañeros me animaban a presentarme, y que seguro hubiese conseguido porque tengo los conocimientos, capacidades y ganas. ¿No debería renunciar? Seguro que no, pero por desgracia he llegado a mi techo de cristal y hoy por hoy mi camino está cortado.

Cuando me entran los momentos bajos envidio a los hombres y a mis compañeras que no tienen niños, cuando me entran los momentos bajos siento que ser mujer y madre es una losa que llevo sobre mis hombros y limita mis aspiraciones, mis deseos y mis capacidades y, sobre todo, cuando me entran los momentos bajos, es cuando más impulso tomo para educar a mi hijo y a mi hija sin distinción, sin estereotipos de género. A la una intento hacerle ver que lo único que le diferencia de mi hijo es una anatomía diferente y que las capacidades, derechos y obligaciones no son cuestión de género. Al otro le hago ver que lo importante son las personas y no si son mujeres u hombres, y a los dos les intento transmitir la necesidad no solo de respetar a las personas con independencia de su género, sino de luchar porque su sociedad también crezca en ese respeto.

Nos queda mucho camino por recorrer pero al mismo tiempo, si lanzamos la mirada atrás vemos que, en relativamente poco tiempo, hemos recorrido un buen trecho, que somos capaces de revolvernos (mujeres y hombres) ante situaciones que antes se consideraban normales y que hoy reconocemos que no lo son. Estoy convencida de que vamos por el camino correcto y quiero desear, si yo no lo veo, que mi hija y mi hijo sí lleguen a verlo. Y, sobre todo, estoy convencida de que la “patita” larga que diferencia el cromosoma X del Y no implica que yo, por ser mujer, tenga que asumir como normales cosas que ningún hombre toleraría.

Soy feminista y apuesto por la igualdad. Por supuesto que no odio a los hombres (aunque alguna vez, al declararme feminista, se me ha acusado de ello), todo lo contrario, quiero que se impliquen, nos reconozcan como iguales y no como una amenaza y me dejaré la piel para que las mujeres de mañana, y si puede ser las de hoy, no necesiten ser superwoman, porque de verdad, la capa pesa… y mucho.

Feliz Día Internacional de la Mujer.





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