Todos somos aprendices de diabetes


Publicado el 23/02/2018, en Pacientes. Sin comentarios

Adrián Díaz es enfermero pediátrico en el HUCA y diabético desde hace 11 años. A través de su blog Don Sacarino ayuda a los pequeños y sus familias a adaptarse a la enfermedad de forma amena y natural.

Era un día de visita para tomar un café y saludar a mis compis de la planta de pediatría. Entre anécdota y anécdota me contaron el caso de un niño: debut diabético que había llegado de la UCIP hacía unos días y que presentaba unos problemas de alimentación horrorosos.

Adrián Díaz, Don Sacarino

Sentí curiosidad, así que alargué mi estancia hasta las 20h para valorar la cena. Di 20 minutos de margen para que el niño cenara y con las mismas entré por sorpresa. La imagen fue de marco y encuadre.

Me encontré una lucha de poderes. A un lado del ring, un niño de 10 años muy consentido y con una alimentación pésima desde hacía años (lo típico: pasta, patatas fritas…). Al otro lado, una enfermera bastante novata en el servicio y que se debatía entre el miedo a la hipoglucemia y la impotencia de no saber cómo resolver la situación.

Te pongo en contexto: una cena para 4 unidades de insulina. Su puré (con patata), su pescado, su pan, su fruta y su verde (raciones que por cierto venían mal calculadas de cocina, pero eso es harina de otro costal). Al niño solo le gustaba el pan de todo el conjunto. Cuando llegué estaban peleando (familia incluida) para que se comiera el puré. La cosa se hubiera solucionado si a la pobre enfermera le hubieran enseñado a contar raciones. Me quedé con él para que comiera el pan (3 raciones) y le cambié la fruta por un yogur (1 ración). Con el problema solucionado, aprovechamos para dar la vara al niño y a los padres sobre alimentación.

Investigando descubrí que el problema no solo lo tenía ella, sino que era generalizado. Es el motivo por el que mi página de Don Sacarino ha pasado de centrarse en el diabético (principalmente pediátrico), a incluir la presencia de todos los profesionales de la sanidad. Hay muy poca formación ya que se supedita con la falsa creencia de que todo el proceso del niño o adulto diabético (esté o no ingresado) corre a cargo del endocrino y la educadora en diabetes.

Falso. Y hay que cambiar esta tendencia.

Hablamos de una entidad reconocida como la cuarta en la lista de enfermedades de origen no infeccioso más relevantes según la OMS (y justo encima tienes el cáncer, figúrate). La misma que ha pasado a triplicar su prevalencia en 30 años (y que sigue subiendo viento en popa). Y para que te hagas una idea estimada: la UE tiene aproximadamente 500 millones de habitantes. En el 2014, había alrededor de 400 millones de personas con diabetes en el mundo.

Una patología pedante, cansina, cambiante, crónica, impertinente, en ocasiones discapacitante, que cuesta mucho dinero, asociada a complicaciones crónicas por todos lados, y con complicaciones agudas que te pueden llevar al coma y a la tumba.

Entiendo el desconocimiento. Es una patología bastante complicada de comprender: yo que llevo ya 11 años todavía hay días que no me cuadran las cuentas. Los días en los que aprendo algo nuevo sobre ella se cuentan por cientos.

Párate a pensar un rato en la soledad que pueden llegar a sufrir en ocasiones los pacientes. ¿Cuántas visitas para educación puedes contar en cada uno de ellos al año? Suma dos visitas al año para controles y alguna esporádica con la educadora. El resto del año es una lucha solitaria y constante para mantener las glucemias a raya.

Por tanto, es básico aprovechar cada mínimo momento para educar y dar apoyo; y es que para enfermería, es una de las patologías con más campo y cancha libre para trabajar. Es educación en estado puro. Tenemos mucho que ofrecer en el debut, en cualquier descompensación. En las visitas en primaria a por recetas o en la vacuna anual de la gripe. En urgencias cuando un mal día de vómitos nos obliga a ponernos en vuestras manos para que nos tratéis la hipoglucemia. En talleres, charlas, proyectos, colegios…

Quiero terminar contando que la diabetes no es lo que nos dan en la facultad o en el EIR. Todo son pequeñísimas pinceladas de un lienzo de infinitas capas. Por suerte contamos con el mejor invento del siglo: las redes sociales. Invito a enfermeras novatas, veteranas y cualquier paciente que lea esto a que indague y descubra la infinidad de información y vivencias (muy importantes también), que se cuentan en innumerables comunidades de Facebook, blogs o cuentas de Instagram dedicadas al tema.

Ejemplos hay muchos (y no me cuento): comunidades gigantes en Facebook como “El grupo de los piratas con diabetes”, grandes en el campo como “Jedi Azucarado” o estupendas cuentas de Instagram como la de @enfermeracondiabetes

La cuestión es aprender y educar. La diferencia entre tener complicaciones a los 10 años o no tenerlas a los 40 de evolución depende en una grandísima medida de algo tan básico y tan necesario como la educación en salud.





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