Marcamos la diferencia


Publicado el 10/05/2024, en Actualidad. Sin comentarios

Marcamos la diferencia

¿Pero de verdad lo creemos? Sinceramente, a la hora de demostrarlo a la sociedad, creo que no.

Somos conscientes de lo importante de nuestro trabajo, de que sin nosotras, enfermeras, la salud de la población irremediablemente se resentiría, de que aunamos conocimiento científico a la vez que empatía y cercanía, que nuestro saber no es solo intuición y vocación, sino que se respalda en ciencia, experiencia, inquietud investigadora y espíritu formador, pero a la vez somos un colectivo humilde que huimos de la grandilocuencia expresiva porque lo que buscamos es que nuestros pacientes nos entiendan.

Buscamos que nuestros pacientes nos conozcan, que nuestra población de referencia sepa qué podemos aportar para prevenir, mantener y mejorar su salud, pero a la vez nos escondemos cuando se trata de recibir reconocimientos y méritos que justamente nos merecemos.

Un ejemplo claro lo tuvimos con la pandemia. Sí, aquella pesadilla que ahora parece remota, pero que sigue muy presente en la mente y el corazón de las enfermeras y el resto del personal de los centros sanitarios y sociosanitarios que de verdad se enfrentaron a ella. Porque una cosa es vivirla en casa frente a la pantalla del televisor, viendo el caos que se generó, y otra muy distinta es hacerlo moviéndose entre los pacientes, agotadas, sin plantillas y sin medios. Y aún en ese caos, gracias a la profesionalidad enfermera, se logró duplicar, y hasta triplicar y cuadruplicar en muchos centros, la capacidad para atender a los pacientes. ¿Que intervinieron más profesionales? Claro que sí, fuimos capaces de salir adelante por el trabajo conjunto de mucha gente, pero es justo reconocer, aunque se escondiesen a la hora de ponerse las medallas, que al frente, en muchos centros, quien organizaba ese caos era una enfermera.

Por eso, ya es hora de que demos el paso al frente y reclamemos el reconocimiento real a nuestro trabajo y a nuestro conocimiento, la necesidad de no dejarnos invadir competencias y un reconocimiento real a una formación que, desde hace años, ya muchos, se sitúa en los más altos niveles de las enseñanzas en nuestro país, porque sí, porque la que menos, además de un bachillerato y selectividad, ha pasado tres años en la universidad formándose (desde hace bastante tiempo, cuatro años como mínimo), inmersas en los centros sanitarios desde el primer día y en contacto con el trabajo que, una vez tituladas, ejercerán, en la mayoría de los casos, toda su vida. Porque esa es otra realidad, una vez que la profesión te atrapa ya eres enfermera para toda la vida, se inserta en nosotros un gen que no viene de fábrica, pero que una vez que entra es imposible deshacerse de él.

Pero volvamos al tema, que me despisto. Como decía, las enfermeras somos profesionales universitarias como otras muchas profesiones, pero mientras que un abogado, un maestro, un psicólogo y mil ejemplos de profesionales más son, como mínimo, “Don”, nosotras somos “niña” y en el caso más respetuoso, “señorita”. ¿Por qué ocurre así? ¿Porque somos la mayoría mujeres? ¿Porque el cuidado no se concibe como ciencia sino como algo cotidiano que se lleva a cabo sin más? ¿Porque la población nos concibe como una profesión que solo acata las órdenes de otras profesiones que sí saben destacar y reclamar sus méritos? ¿Porque por mucho que hemos evolucionado como profesión no somos capaces de transmitir a la sociedad nuestros conocimientos y lo que podemos aportar en todas las fases de su ciclo vital? Seguramente sea un cóctel de todas esas cuestiones y muchas más que históricamente nos han marcado y que durante muchos años hemos sido incapaces de erradicar.

Esto debe cambiar y ya estamos llegando tarde. Debemos cambiarlo unidas, pero a la vez cada una de nosotras desde nuestro puesto de trabajo, porque nadie va a venir a cambiarlo, unos porque no les interesa, otros porque es más cómodo mantener la situación actual, otros porque, aunque luchan por el reconocimiento real de lo que es una enfermera (da lo mismo que sea hombre o mujer, somos enfermeras), al final no encuentran respaldo real de la propia profesión en el día a día para lograrlo. Lo que está claro es que hay que acabar con la infravaloración de la profesión y reclamar con orgullo que, con nuestro trabajo diario, de verdad, “marcamos la diferencia”.

 

Mª José García Alumbreros, responsable de Soy enfermera





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